EBEN-EZER

«Tomó luego Samuel una piedra, y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová».
—1 Samuel 7:12
«Hasta aquí nos ayudó Jehová»
No significa que aquí termina nuestro camino.
Significa:
Hasta este momento Dios nos ha sostenido.
Hasta este momento Dios nos ha guardado.
Hasta este momento Dios ha abierto camino.
Hasta este momento Dios ha permanecido con nosotros.
Y si Dios nos ha ayudado hasta aquí, podemos continuar caminando confiados en Él.
Aquí encontramos el primer motivo para levantar nuestro Eben-ezer espiritual: recordar lo que Dios ya hizo.
El profeta Samuel no levantó aquella piedra simplemente como un monumento.
La levantó como testimonio.
Había una historia detrás de aquella piedra.
Había dificultades.
Había temor.
Había enemigos.
Pero también había una intervención de Dios.
Por eso el profeta Samuel podía decir:
«Hasta aquí nos ayudó Jehová».
Y la carta apostólica nos lleva precisamente a esa memoria espiritual:
«Cuando miramos hacia atrás, podemos reconocer que Dios nos ha ayudado. Hemos visto su mano, hemos experimentado su cuidado, hemos recibido su protección y hemos comprobado que su presencia permanece con nosotros». —ADJ NJG.
Hay momentos en los que el ser humano mira solamente lo que falta.
Pero la fe también nos enseña a mirar lo que Dios ya hizo.
Porque cuando recuerdo lo que Dios hizo ayer, encuentro fuerzas para enfrentar lo que tengo delante hoy.
Por eso podemos preguntarnos:
¿Cuántas veces Dios nos ha ayudado?
¿Cuántas veces abrió una puerta?
¿Cuántas veces nos sostuvo?
¿Cuántas veces nos dio fuerzas cuando nosotros pensábamos que ya no podíamos?
¿Cuántas veces aquella dificultad que parecía definitiva terminó convirtiéndose en un testimonio?
Por eso nuestra memoria no debe estar dominada solamente por las dificultades.
Nuestra memoria debe conservar también las misericordias de Dios.
El temor no significa ausencia de fe
La carta introduce una enseñanza muy importante: la existencia del temor no significa necesariamente ausencia de fe.
Leemos:
«El temor puede aparecer, pero no debe gobernarnos. La fe no significa que nunca sentiremos miedo; significa que, aun sintiendo temor, decidimos confiar en Dios». —ADJ NJG.
Esto es extraordinariamente importante.
Porque algunas veces pensamos:
«Si tengo fe, nunca debería sentir miedo».
Pero la Biblia nos muestra hombres y mujeres de Dios que atravesaron momentos de temor.
David dijo:
Salmo 56:3
«En el día que temo, yo en ti confío».
Observemos la expresión:
«En el día que temo…»
David no dijo:
«Nunca tengo miedo».
Dijo:
«En el día que temo, yo en ti confío».
La fe no siempre elimina inmediatamente el sentimiento.
La fe nos enseña dónde poner nuestra confianza cuando aparece el temor.
Puede existir una noticia que nos preocupe.
Puede existir una situación que no entendamos.
Puede aparecer una dificultad económica, familiar, laboral o personal.
Pero la pregunta no debe ser solamente:
¿Qué está sucediendo?
También debemos preguntarnos:
¿Dónde están puestos mis ojos?
Porque una misma circunstancia puede producir desesperación en una persona y oración en otra.
Hasta aquí nos ayudó Jehová
«Tomó luego Samuel una piedra, y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová».
Hermanos/as, podemos mirar hacia atrás y decir:
Hasta aquí nos ayudó Jehová.
Nos ayudó cuando no sabíamos qué hacer.
Nos ayudó cuando apareció el temor.
Nos ayudó cuando hubo dificultades.
Nos ayudó cuando parecía que delante de nosotros solamente había un mar.
Nos ayudó cuando encontramos muros que parecían imposibles de derribar.
Nos ayudó en medio de las tempestades.
Y, sobre todo:
Nos ha mostrado que no caminamos solos.
La carta apostólica lo expresa de una manera hermosa:
«Y el Dios que nos ayudó hasta aquí, seguirá acompañándonos. Él irá delante de su pueblo. Abrirá caminos. Derribará muros. Disipará temores». —ADJ NJG.



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